Mi Historia
Soy una mujer que ha hecho de la dignidad humana el eje de su vida. A lo largo de los años he aprendido que cada persona posee un valor que merece ser reconocido y que, cuando logramos descubrirlo, encontramos también la posibilidad de crecer, tomar decisiones y transformar nuestra propia vida y la de quienes nos rodean.
Gran parte de lo que soy tiene sus raíces en mi familia. Soy la mayor de diez hermanos, y crecer en una familia numerosa me enseñó desde muy temprano el valor de la solidaridad, la responsabilidad y el servicio. Mis padres, Ramiro y Delfina, fueron fundamentales en mi formación. De mi madre recibí el valor de la honestidad, la perseverancia y la voluntad; de mi padre heredé, entre muchas otras cosas, el gusto por la comunicación, las relaciones humanas, los negocios y el emprendimiento.
Con el paso del tiempo he comprendido cuánto de ellos vive todavía en mi manera de relacionarme con las personas y de asumir cada responsabilidad. Hay enseñanzas que sólo entendemos plenamente cuando la vida nos permite mirarlas con otros ojos.
Una vocación que comenzó temprano
Mi formación profesional estuvo acompañada siempre por una inquietud más profunda: comprender a las personas y encontrar maneras de contribuir a su desarrollo. Estudié Comunicación Corporativa y posteriormente realicé la Maestría en Ciencias de la Familia.
Pero mi aprendizaje no ha ocurrido únicamente en las aulas. Desde joven tuve la oportunidad de involucrarme en distintas actividades de servicio. Fui instructora de alfabetización, enseñando a leer y escribir a personas adultas; participé en el Movimiento Familiar Cristiano como orientadora en pláticas prematrimoniales y fui cofundadora del Centro Cultural Alteño, una institución dedicada a la formación de seminaristas.
Cada una de esas experiencias fue ayudándome a comprender que servir no significa solamente ayudar ante una necesidad concreta. También significa acompañar, escuchar, formar y generar condiciones para que las personas puedan desarrollar sus capacidades y construir una vida con mayor libertad y responsabilidad.
Cuando una inquietud se convirtió en compromiso
En 1993 fundé el Instituto Alteño para el Desarrollo de Jalisco, INADEJ, una organización que nació como respuesta a una realidad que conocí de cerca en mi comunidad.
En aquel momento observé necesidades que no podían resolverse únicamente atendiendo sus consecuencias. Había que acercarse a las personas, conocer sus circunstancias y trabajar desde la educación, la salud, la nutrición y el desarrollo humano.
INADEJ se convirtió en uno de los proyectos más importantes de mi vida. Durante más de tres décadas he tenido la oportunidad de acompañar su crecimiento junto con profesionales, voluntarios, colaboradores, bienhechores y muchas personas que han compartido esta visión.
Más que un proyecto, ha sido para mí una escuela de vida. Me ha enseñado que cuando una persona es tratada con dignidad, cuando encuentra oportunidades y cuando descubre sus propias capacidades, puede comenzar a transformar su realidad.
Educar, formar y abrir oportunidades
Mi interés por la formación también me llevó a fundar, en 2011, el Centro Universitario Ramiro González Fonseca, una institución educativa enfocada en fortalecer el desarrollo humano.
Durante seis generaciones tuve la oportunidad de acompañar la formación de jóvenes, especialmente mujeres, buscando que además de adquirir conocimientos desarrollaran habilidades, valores, capacidad de negociación, empatía, motivación, planeación y compromiso social.
Esta experiencia reafirmó algo en lo que sigo creyendo: formar personas es una de las maneras más profundas de transformar una sociedad.
Por eso, compartir lo que he aprendido y ayudar a otros a desarrollar sus talentos se ha convertido en una parte importante de mi manera de entender el liderazgo.
El liderazgo como responsabilidad
También he tenido la oportunidad de desarrollarme en el ámbito empresarial, principalmente dentro de la industria del agave y la elaboración de tequila, enfrentando los retos que implica tomar decisiones, innovar, aprender continuamente y buscar nuevas formas de hacer las cosas.
El mundo empresarial me ha enseñado otra dimensión del liderazgo: la importancia de asumir responsabilidades y comprender que nuestras decisiones tienen consecuencias en otras personas, en nuestras familias, en nuestras comunidades y en nuestro entorno.
Por eso he procurado impulsar prácticas de responsabilidad social dentro de las empresas en las que participo, incluyendo procesos de acreditación como Empresa Socialmente Responsable.
También he buscado continuar mi propia formación. Cursé un diplomado de Alta Dirección de Empresas en IPADE y posteriormente tuve la oportunidad de realizar una semana de estudios en la Universidad de Harvard. Más adelante me certifiqué como Coach con enfoque en Desarrollo Humano y continué participando en espacios de formación relacionados con temas sociales y de protección de las personas.
He aprendido que liderar también significa mantenerse dispuesto a aprender.
Servir también desde otros espacios
Mi experiencia en el ámbito social me llevó a participar en espacios de diálogo y construcción de propuestas para fortalecer a las organizaciones de la sociedad civil.
Entre 2016 y 2019 formé parte del Consejo Consultivo de la Comisión de Fomento de las Actividades de las Organizaciones de la Sociedad Civil. En 2018 participé en el Comité de la Ley para el Fomento y Participación de las Organizaciones de la Sociedad Civil en el Estado de Jalisco y, en 2020, tuve el honor de ser elegida presidenta de este órgano.
Estos espacios me permitieron conocer otras realidades, escuchar diferentes voces y participar en la búsqueda de alternativas para fortalecer el trabajo de quienes, desde la sociedad civil, dedican su tiempo y talento a servir a los demás.
Lo que he aprendido en el camino
Si algo ha unido los distintos caminos que he recorrido, la familia, la educación, la empresa, el servicio y la participación social, es mi convicción de que la persona siempre debe estar en el centro.
Creo en la dignidad humana como un valor que no depende de lo que una persona tiene, de su posición, de sus circunstancias o de sus logros. Cada ser humano posee un valor propio.
Por eso, una de las cosas que más me importa es ayudar a las personas a reconocer aquello que ya poseen: sus talentos, sus capacidades, su libertad y su posibilidad de elegir.
También creo que el liderazgo no consiste en estar por encima de los demás. Para mí, liderar significa asumir la responsabilidad de crecer, dar ejemplo, formar y abrir caminos para que otros también puedan avanzar.
Y creo profundamente en el servicio. Los conocimientos, las experiencias y los talentos que recibimos adquieren un sentido mayor cuando podemos ponerlos al servicio de los demás.
Hoy sigo aprendiendo de cada persona, de cada proyecto y de cada etapa de mi vida. Continúo buscando espacios donde pueda compartir lo que he aprendido, acompañar a otros y seguir construyendo desde aquello que ha dado sentido a mi camino: la dignidad, el liderazgo y el servicio.
Algunos reconocimientos
A lo largo de mi trayectoria he recibido distintos reconocimientos que agradezco profundamente, no como una medida de lo que he hecho, sino como recordatorios de las personas y causas que han acompañado mi camino.
- Premio IJAS al Benefactor Social, 2005.
- Premio por un País Mejor, Fundación Best, 2005.
- Presea Medina Ascencio, 2006.
- Finalista del Premio Visionaris, convocado por UBS y Fundación Ashoka, 2009.
Para mí, el verdadero valor de estos reconocimientos está en todo lo que representan: las personas con las que he trabajado, los aprendizajes que me han dejado y las oportunidades que he tenido de servir.












