Herramientas para cuidar la Salud Mental de nuestros adolescentes
Protocolo Estrategia para la Salud Mental y Prevención de la Violencia en Adolescentes
Hay realidades que no podemos mirar de lejos.
Cuando miramos que nuestros adolescentes están atravesando momentos de tristeza profunda, ansiedad, violencia o desesperanza, muchas veces preferimos mirar a otro lado porque no sabemos cómo acercarnos, que decir o cómo abordar estas situaciones que nos preocupan. Pero no saber cómo ayudar no debería llevarnos a la indiferencia. Al contrario, debería invitarnos a aprender, a escuchar con mayor sensibilidad y a buscar las herramientas que nos permitan estar presentes cuando más nos necesitan.
Para mí, hablar de salud mental es hablar de la dignidad de la persona. Cada adolecenste merece sentirse escuchado, acompañado y valorado. Merece encontrar a su alrededor personas capaces de reconocer cuando algo no está bien y de tenderle la mano cuando más lo necesita.
Por eso, cuando desde el trabajo comunitario comenzamos a encontrarnos con situaciones que requieren atención urgente, no podíamos permanecer indiferentes. La preocupación tenía que convertirse en acción.
Así comenzó a gestarse, en 2023, un proyecto de atención y prevención dirigido a adolescentes de secundarias del municipio de Arandas. Y de ese camino, de las experiencias compartidas, de la investigación y del trabajo conjunto con distintas instituciones, nació el Protocolo Estrategia para la Salud Mental y Prevención de la Violencia en Adolescentes.
Más que contar la sinopsis de un libro, quiero compartir la historia de una preocupación que se convirtió en una herramienta para cuidar. Porque detrás de cada diagnóstico, de cada estadística y de cada señal de alerta, hay una persona. Y cuándo una persona nos dice, de una u otra manera, que algo le duele, no podemos pasar de largo.
Todo comenzó al reconocer una necesidad

Durante 30 años de trabajo comunitario de INADEJ, hemos aprendido que las necesidades que las necesidades de una comunidad no siempre se presentan de manera evidente. A veces están en aquello que no se dice, en un cambio de comportamiento, en el aislamiento, en la tristeza o en una señal que puede pasar desapercibida.
En 2023, a través del trabajo realizado con estudiantes de secundaria del municipio de Arandas, Jalisco, se identificaron situaciones relacionadas con depresión, ansiedad y, en algunos casos, tendencias suicidas.
Frente a esta realidad, se puso en marcha un programa de intervención y atención dirigido a adolescentes de secundarias urbanas y rurales. Se realizaron procesos de detección oportuna, atención psicológica y canalización de estudiantes que presentaban indicios de riesgo, además de talleres preventivos con jóvenes, padres de familia y profesores.
Pero el trabajo permitió reconocer una segunda necesidad. Los docentes y el personal escolar también requieren herramientas para identificar señales de alerta, saber como actuar de manera adecuada y conocer las rutas de atención disponibles.
Salud mental dentro de las aulas
El protocolo nació al identificar esa necesidad real de acompañar y darles las herramientas necesarias a quienes todos los días están cerca de nuestros adolescentes.
A partir del trabajo realizado y de la investigación de los equipos involucrados, se desarrolló una estrategia psicoeducativa para brindar al personal docente herramientas que le permitieran reconocer posibles situaciones de riesgo, responder de manera asertiva y realizar las canalizaciones correspondientes hacia profesionales e instituciones de salud mental.
Así surgió el protocolo, con un propósito claro: contribuir a que una señal de alerta no pase desapercibida y que un adolecente que necesita ayuda pueda recibirla de manera oportuna.
Porque detectar no significa diagnosticar y acompañar tampoco significa sustituir el trabajo de un profesional, significa reconocer que podemos tener un papel importante en ese primer momento en el que necesita ser escuchado y orientado.
Una herramienta para reconocer, actuar y transformar
El protocolo aborda las siguientes problemáticas específicas:
Depresión
Ansiedad
Suicidio
Acoso escolar
Violencia
Violencia en el noviazgo y violencia sexual
Pero su contenido va más allá de definir cada una de ellas, incluye:
Todo esto responde a una misma intención: dar herramientas para que los docentes y personal escolar puedan actuar con mayor conocimiento, sensibilidad y responsabilidad.
Una responsabilidad que compartimos
Una problemática como la salud mental en adolescentes no puede abordarse desde una sola perspectiva. Por eso, este proyecto fue resultado de un esfuerzo colaborativo entre el Instituto Alteño para el Desarrollo de Jalisco A.C., Corporativa de Fundaciones y distintas instituciones que decidieron sumar conocimientos, experiencia y voluntad para atender una realidad que requería atención.
Participaron instituciones educativas y organismos como la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco, la Dirección de Área de Salud de la Universidad Regional de los Altos (Campus Arandas), Ce-Mujer Arandas y la Escuela Secundaria Técnica 101.
Cada institución aportó desde su propia experiencia. Y eso también es parte de lo que este proyecto nos recuerda: cuando una realidad es compleja, necesitamos aprender a trabajar juntos para transformarla.
No podemos ser indiferentes
Hay una frase del Papa Francisco que ha acompañado mi manera de entender este proyecto: “No podemos ser indiferentes al sufrimiento”
Papa Francisco
No podemos permitir que alguien pase a nuestro lado y diga: me duele, y que nosotras sigamos nuestro camino como si no hubiéramos escuchado.
A veces creemos que para ayudar necesitamos tener todas las respuestas, personalmente pienso que el primer paso es: estar dispuestos a escuchar.
Escuchar al adolecente que está atravesando una dificultad, escuchar a la familia que no sabe cómo acompañarlo, escuchar al maestro que percibe que algo está cambiando en uno de sus alumnos.
Y después de escuchar, actuar. Actuar con conocimiento, con responsabilidad, pero también con amor y compasión.
Cada uno de nosotros tiene un papel importante. Un profesor puede reconocer una señal, un padre puede atreverse a preguntar, una institución puede abrir una puerta, un profesional puede brindar la atención necesaria. Y cuando todos hacemos nuestra parte, una situación que parecía imposible de atender puede comenzar a transformarse.
De una necesidad a una herramienta para transformar vidas
El protocolo representa el resultado de un proceso que comenzó cuando decidimos mirar una realidad que necesitaba atención y preguntarnos qué podíamos hacer frente a ella. Después vinieron la investigación, el trabajo con los adolescentes, las conversaciones con las instituciones, la intervención, el aprendizaje y la colaboración.
Finalmente, todo ese conocimiento y experiencia pudieron convertirse en una herramienta de consulta para las familias, los docentes y todas aquellas personas que forman parte del entorno de nuestros adolescentes, para reconocer señales, comprender mejor lo que viven y saber cómo actuar
Porque cuando una preocupación se transforma en conocimiento, y ese conocimiento se pone al servicio de los demás, deja de pertenecer solamente a quienes participaron en su creación, se convierte en una posibilidad para otros.
Y quizá esa sea una de las formas más concretas de construir comunidad: no ser indiferente ante aquello que duele y decidir que, desde el lugar que nos corresponde, podemos hacer algo para acompañar.
Conoce el Protocolo
El Protocolo Estrategia para la Salud Mental y Prevención de la Violencia en Adolescentes fue desarrollado como una herramienta de orientación y consulta para docentes y personal escolar, con contenidos que también pueden resultar de utilidad para familias y personas interesadas en comprender y prevenir estas problemáticas.
Conocer las señales, saber cómo actuar y conocer las rutas de atención también pueden ser una forma de cuidar.
