Mi Historia

Soy una mujer que ha hecho de la dignidad humana el eje de su vida. A lo largo de los años he aprendido que cada persona posee un valor que merece ser reconocido y que, cuando logramos descubrirlo, encontramos también la posibilidad de crecer, tomar decisiones y transformar nuestra propia vida y la de quienes nos rodean.


Gran parte de lo que soy tiene sus raíces en mi familia. Soy la mayor de diez hermanos, y crecer en una familia numerosa me enseñó desde muy temprano el valor de la solidaridad, la responsabilidad y el servicio. Mis padres, Ramiro y Delfina, fueron fundamentales en mi formación. De mi madre recibí el valor de la honestidad, la perseverancia y la voluntad; de mi padre heredé, entre muchas otras cosas, el gusto por la comunicación, las relaciones humanas, los negocios y el emprendimiento.


Con el paso del tiempo he comprendido cuánto de ellos vive todavía en mi manera de relacionarme con las personas y de asumir cada responsabilidad. Hay enseñanzas que sólo entendemos plenamente cuando la vida nos permite mirarlas con otros ojos.

Una vocación que comenzó temprano

Mi formación profesional estuvo acompañada siempre por una inquietud más profunda: comprender a las personas y encontrar maneras de contribuir a su desarrollo. Estudié Comunicación Corporativa y posteriormente realicé la Maestría en Ciencias de la Familia.

Pero mi aprendizaje no ha ocurrido únicamente en las aulas. Desde joven tuve la oportunidad de involucrarme en distintas actividades de servicio. Fui instructora de alfabetización, enseñando a leer y escribir a personas adultas; participé en el Movimiento Familiar Cristiano como orientadora en pláticas prematrimoniales y fui cofundadora del Centro Cultural Alteño, una institución dedicada a la formación de seminaristas.

Cada una de esas experiencias fue ayudándome a comprender que servir no significa solamente ayudar ante una necesidad concreta. También significa acompañar, escuchar, formar y generar condiciones para que las personas puedan desarrollar sus capacidades y construir una vida con mayor libertad y responsabilidad.

Irma Serafina

Cuando una inquietud se convirtió en compromiso

Inadej

Con el tiempo comprendí que muchas de las necesidades de una comunidad no podían atenderse únicamente desde sus consecuencias. Era necesario acercarnos a las personas, conocer sus circunstancias y generar oportunidades desde la educación, la salud y el desarrollo humano. Así fue cómo mientras surgían nuevas necesidades en la comunidad, con ellas, nuevos programas se gestionaban y para finales de la década de los noventa, INADEJ amplió su labor para atender a personas con discapacidad física, convirtiéndose en una de las primeras instituciones de la región en ofrecer atención y servicios orientados a la salud integral y desarrollo humano.

INADEJ se convirtió en uno de los proyectos más importantes de mi vida. Durante más de tres décadas he tenido la oportunidad de acompañar su crecimiento junto con profesionales, voluntarios, colaboradores, bienhechores y, sobre todo, con las personas y familias que nos han permitido caminar a su lado.

Una oportunidad también puede cambiar un camino

Mi interés por la formación y por generar oportunidades para los jóvenes me llevó a impulsar, en 2012, el proyecto educativo RAGOF (Centro Educativo Ramiro González F.), una preparatoria que durante diez años acompañó a jóvenes de la región de Los Altos de Jalisco.

El proyecto comenzó ofreciendo la carrera técnica en puericultura y, con el tiempo, evolucionó hacia un modelo incluyente, pensado especialmente para jóvenes que no habían encontrado un lugar en las preparatorias públicas tradicionales. La intención era ofrecerles algo más que un espacio para estudiar: una oportunidad para reconocer sus talentos, desarrollar sus habilidades y comenzar a construir un proyecto de vida.

Durante esos años aprendí que educar también significa mirar a la persona más allá de sus circunstancias. Acompañar a cada joven desde sus capacidades, fortalecer su confianza y ayudarle a descubrir lo que puede llegar a ser puede abrir caminos que antes parecían cerrados.

A través de este proyecto, alrededor de 120 jóvenes lograron concluir su educación media superior. Para mí, cada uno de ellos representa mucho más que una cifra: representa una historia, una oportunidad y la posibilidad de construir un futuro diferente.

Esta experiencia reafirmó algo en lo que sigo creyendo: la educación trasciende el aula. Es una manera de dignificar a la persona, fortalecer a las familias y generar oportunidades reales para que cada ser humano reconozca su valor, desarrolle su potencial y pueda aportar a su comunidad.

Centro Universitario RAGOF

El liderazgo como responsabilidad

Irma Serafina González Hernández

También he tenido la oportunidad de desarrollarme en el ámbito empresarial, principalmente dentro de la industria del agave y la elaboración de tequila, enfrentando los retos que implica tomar decisiones, innovar, aprender continuamente y buscar nuevas formas de hacer las cosas.

En 1997 junto con mi esposo Juan Antonio González Hernández fundamos la empresa familiar Grupo Tequilero México, S.A. de C.V. y Agroservicios de Arandas Internacional S.A.P.I. de C.V. en el 2014 contexto empresarial que me ha enseñado otra dimensión del liderazgo: la importancia de asumir responsabilidades y comprender que nuestras decisiones tienen consecuencias en otras personas, en nuestras familias, en nuestras comunidades y en nuestro entorno.

Por eso he procurado impulsar prácticas de responsabilidad social dentro de las empresas en las que participo, incluyendo procesos de acreditación como Empresa Socialmente Responsable.

También he buscado continuar mi propia formación. Cursé un diplomado de Alta Dirección de Empresas en IPADE y posteriormente tuve la oportunidad de realizar una semana de estudios en la Universidad de Harvard. Más adelante me certifiqué como Coach con enfoque en Desarrollo Humano y continué participando en espacios de formación relacionados con temas sociales y de protección de las personas.

He aprendido que liderar también significa mantenerse dispuesto a aprender.

Servir también desde otros espacios

Para mí, participar en una institución o en un consejo no significa solamente ocupar un espacio. Significa asumir una responsabilidad y poner la experiencia, el tiempo y las capacidades al servicio de una causa.

Desde la fundación del Instituto Alteño para el Desarrollo de Jalisco, INADEJ, he mantenido un compromiso cercano con las personas y con las causas sociales. Actualmente participo como Presidenta de su Consejo Directivo, dando continuidad a una institución que nació con el propósito de atender de manera integral a personas con discapacidad.

También soy consejera en el Patronato del DIF Arandas y encabezo el Comité Social de COPARMEX en el municipio de Arandas.

Entre 2016 y 2020 formé parte del Consejo Consultivo de la Ley Federal de Fomento de las Actividades de las Organizaciones de la Sociedad Civil. En 2018 tomé protesta como consejera para el Fomento y Participación de las Organizaciones de la Sociedad Civil en el Estado de Jalisco, organismo del que fui nombrada presidenta para el periodo 2020.

He aprendido que la participación social requiere algo más que buenas intenciones: requiere presencia, responsabilidad y disposición para construir junto con otros.

Por eso sigo creyendo que cada espacio en el que participamos puede convertirse en una oportunidad para generar algo bueno para los demás.

Estos espacios me permitieron conocer otras realidades, escuchar diferentes voces y participar en la búsqueda de alternativas para fortalecer el trabajo de quienes, desde la sociedad civil, dedican su tiempo y talento a servir a los demás.

Algunos reconocimientos

A lo largo de mi trayectoria he recibido distintos reconocimientos que agradezco profundamente, no como una medida de lo que he hecho, sino como recordatorios de las personas y causas que han acompañado mi camino.

  • Premio IJAS al Benefactor Social, 2005.
  • Premio por un País Mejor, Fundación Best, 2005.
  • Presea Medina Ascencio, 2006.
  • Finalista del Premio Visionaris, convocado por UBS y Fundación Ashoka, 2009.

Para mí, el verdadero valor de estos reconocimientos está en todo lo que representan: las personas con las que he trabajado, los aprendizajes que me han dejado y las oportunidades que he tenido de servir.

Formación que acompaña mi camino

A lo largo de mi vida he entendido que aprender también es una forma de servir. Cada etapa de formación me ha permitido ampliar mi manera de comprender a las personas, las familias, las organizaciones y los desafíos de nuestra sociedad.

Estudié la Licenciatura en Comunicación Corporativa y posteriormente la Maestría en Ciencias de la Familia. Mi interés por seguir aprendiendo me llevó también a realizar distintos diplomados y programas de especialización en temas que han acompañado mi trayectoria personal, empresarial y social.

En 2018 cursé el Diplomado de Alta Dirección en el IPADE y la Universidad de Harvard, una experiencia que me permitió incorporar herramientas con una visión global para fortalecer la toma de decisiones y desarrollar estrategias con impacto positivo, tanto en la empresa como en la sociedad.

También he profundizado en temas de familia, educación, comunicación y responsabilidad social a través del Diplomado en “Matrimonio y Familia” de la Universidad Panamericana; el Diplomado en “Educación Familiar” y el Diplomado en “Técnicas y Habilidades Comunicativas” del Instituto Superior de Estudios para la Familia; el Diplomado en Formación Social (DIFOSO); y el Diplomado sobre Trata de Personas, organizado por la asociación civil Fin de la Esclavitud en el Tecnológico de Monterrey, campus Guadalajara.

Más que acumular estudios, cada aprendizaje ha representado para mí una oportunidad para mirar la realidad desde otra perspectiva y encontrar mejores maneras de acompañar, liderar y servir.

Compartir lo aprendido

Creo que el conocimiento adquiere un sentido distinto cuando se comparte. A lo largo de los años he tenido la oportunidad de participar como conferencista en distintos espacios, principalmente en el ámbito académico, empresarial y social.

Uno de ellos fue el Global Family Business Summit del Tecnológico de Monterrey, donde compartí la experiencia de emprender y construir una trayectoria empresarial desde una industria tradicional, abordando el tema “Unbreakable Her: Enterprising with Children in a Male-Dominated Industry”.

Cada espacio en el que he podido conversar con estudiantes, empresarios, familias y líderes representa para mí una oportunidad de escuchar, aprender y compartir aquello que la experiencia me ha enseñado.

Hablar frente a otros nunca lo he entendido como estar por encima de ellos, sino como sentarnos alrededor de una misma mesa para compartir preguntas, experiencias y aprendizajes. Porque muchas veces una historia puede ayudar a otra persona a encontrar el valor para comenzar su propio camino.

Escribir para dejar huella

Hay ideas que merecen permanecer más allá de una conversación. Por eso también he tenido la oportunidad de participar como coautora en publicaciones que recogen experiencias y reflexiones vinculadas con algunas de las causas que han formado parte de mi trayectoria.

Participé como coautora en el libro “Las Mujeres y la Cultura de la Paz”, con el tema “Las Organizaciones de la Sociedad Civil y la Cultura de la Paz”.

Estos trabajos representan una parte de una convicción que ha acompañado mi vida: cuando una experiencia puede convertirse en conocimiento, y ese conocimiento puede ayudar a otros, vale la pena compartirlo.


Lo que he aprendido en el camino

Si algo ha unido los distintos caminos que he recorrido, la familia, la educación, la empresa, el servicio y la participación social, es mi convicción de que la persona siempre debe estar en el centro. Creo en la dignidad humana cómo un valor que no depende de lo que una persona tiene, de su posición, de sus circunstancias o de sus logros, al contrario, cada ser humano posee un valor propio. Por eso, una de las cosas que más me importa es ayudar a las personas a reconocer aquello que ya poseen: sus talentos, sus capacidades, su libertad y su posibilidad de elegir.

También creo que el liderazgo no consiste en estar por encima de los demás. Para mí, liderar significa asumir la responsabilidad de crecer, dar ejemplo, formar y abrir caminos para que otros también puedan avanzar. Y creo profundamente en el servicio. Los conocimientos, las experiencias y los talentos que recibimos adquieren un sentido mayor cuando podemos ponerlos al servicio de los demás.

Hoy sigo aprendiendo de cada persona, de cada proyecto y de cada etapa de mi vida. Continúo buscando espacios donde pueda compartir lo que he aprendido, acompañar a otros y seguir construyendo desde aquello que ha dado sentido a mi camino: la dignidad, el liderazgo y el servicio.